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Vicente Aleixandre
España, 1898, 1984
EL OLVIDO
No es tu final como una copa vana que hay que apurar. Arroja el casco, y muere.
Por eso lentamente levantas en tu mano un brillo o su mención, y arden tus dedos, como una nieve súbita. Está y no estuvo, pero estuvo y calla. El frío quema y en tus ojos nace su memoria. Recordar es obsceno, peor: es triste. Olvidar es morir.
Con dignidad murió. Su sombra cruza.
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